Wednesday, March 05, 2008

Política preciosa (botellas de impunidad)


Gracias a Astillero me doy cuenta de que Mario Marín ya tiene chamba pa´ cuando deje la gubernatura. Se ha convertido en conferencista (¡¿?!). Cuenta en sus ponencias cómo salir bien librado de un caso como el Góber precioso. Ante su valiosa experiencia, lo han buscado de Guanajuato, Baja California, San Luis Potosí, Zacatecas, Michoacán y Guerrero para que dé su testimonio… Ahhh pinches priístas, hasta cuándo entenderán que seguirán siendo un partido sin moral mientras continúen cobijando y apapachando a políticos como este malviviente. ‘El buen sentido indicaría que un ciudadano cuerdo no votaría por el candidato del partido que considera más corrupto, pero la realidad dice otra cosa: hoy se votar por los corruptos y los mentirosos, no por los pendejos’.

Dado que considera su caso como un ejemplo extraordinario de supervivencia política e impunidad judicial, el gobernador de Puebla está en vías de recorrer el país para educar masivamente a los mexicanos en las artes de la manipulación informativa, el sometimiento de jueces, y el cinismo extremo. Mario Marín (que ya ensayó su faceta de conferencista ante priístas de Manzanillo, a los que explicó cómo le hizo para no caerse del cargo) se considera triunfador absoluto en el caso que concentró atención internacional por mezclar en dosis elevadas los ingredientes explosivos de la pederastia y el contubernio de poderes económicos y políticos, para acallar y castigar a una periodista que había investigado y denunciado delitos y complicidades. En realidad, el góber precioso lo que ha hecho es demostrar que, si se sabe aceitar con corrupción y legalismos la maquinaria institucional, desde el poder se puede realizar casi cualquier cosa sin que haya castigo ni consecuencias graves.
Mario Marín parecía un cadáver político cuando se conocieron las grabaciones telefónicas en las que el empresario Kamel Nacif agradecía al mandatario los retorcimientos jurídicos y administrativos hechos para castigar a una "vieja cabrona" que indagaba asuntos de alta delincuencia compartida en la elite. En el desagradable extremo de la inmoralidad, el pederasta anunciaba a quien consideraba su "héroe, chingao" que le enviaría como regalo un par de bellísimas botellas de coñac.

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