Sunday, April 24, 2011

El festín de la hipocresía


Arnoldo Kraus

La soberbia y la hipocresía son dos conductas aborrecibles. Quizás sean las formas de actuar que más enfado propician. La hipocresía se ejerce en forma individual, comunitaria o nacional; la soberbia es más frecuente en individuos que en grupos. Ambas conductas se aprenden desde temprano; en la casa y en los círculos inmediatos: escuela, familia, amigos. Los soberbios dañan menos que los hipócritas. Destilan arrogancia e impudicia. Se les detesta por su forma de ser y de actuar. Producen rechazo y encono. Dañan poco y se les puede ignorar. Ignorarlos es una vía para disminuirlos.

Los hipócritas suelen dañar. Cuando la hipocresía se contagia y adquiere el visto bueno de la sociedad o la aprobación de los políticos como uno de sus ejes de acción las mermas pueden ser enormes. Buena parte de lo que sucede en el mundo contemporáneo tiene que ver con el hábito de la hipocresía política, que además de hábito es escuela.

La esencia de ese ideario se resume en una frase de Timothy Garton Ash: Haz lo que decimos, no lo que hacemos. En política la necesidad es más poderosa que la honestidad y la hipocresía más necesaria que la ética.