Friday, July 22, 2011

Utilitaristas, libertarios e igualitaristas

Supongamos que tres niños discuten sobre la posesión de una flauta; uno de los niños pasó horas construyéndola, otro es el único que sabe tocarla y el tercero no tiene ninguna otra posesión. Los argumentos de cada uno para poseer la flauta se basan precisamente en estos elementos: uno cree que es justo que se la quede dado que le dedicó tiempo y esfuerzo a construirla, otro arguye que la disfrutará más que los otros ya que es el único que sabe tocarla, y el tercero reclama la flauta para sí por motivos de equidad. ¿Quién debe quedarse con la flauta desde una perspectiva de justicia?

La idea de la justicia, de Amartya Sen

Saturday, July 16, 2011

Rostros





Rostros de los 60


Monday, July 11, 2011

La reforma

El origen de la inequidad en el acceso a los medios está en la estructura de la industria, no en el carácter comercial de la venta de spots. Una industria concentrada en muy pocas manos genera poder de discreción, de veto y de influencia indebida sobre las campañas, pero el modelo de acceso gratuito no es la solución. Lo que envilece a la política y polariza a la sociedad no es la crítica o la denigración, sino la desigualdad, la corrupción y la impunidad. Lo malo en una democracia no es que se exhiba el lado oscuro de los políticos, sino que esa democracia carezca de los instrumentos para castigar a políticos ineptos e irresponsables.

El problema de fondo de la democracia electoral es la escasa representatividad y rendición de cuentas de los partidos políticos. Esa enfermedad que algunos llaman partidocracia es la que genera enojo, hartazgo, desencanto y fomenta movimientos como los del voto nulo. En realidad, no es a través de la legislación electoral que se puede terminar con la inequidad que producen los medios de comunicación electrónica. La única manera de hacerlo es a través de modificar la estructura duopólica de la televisión: un mercado sin competencia que se traduce en la posibilidad de fijar precios pero también en el poder de discriminación.

Dotar a cada una de las autoridades electorales de las funciones para las que están preparadas: el IFE a organizar y administrar, y el TEPJF a impartir justicia electoral. Somos el único país que mantiene una burocracia electoral federal permanente y 32 burocracias locales, también permanentes. Más aún, si el gobierno federal decidiera hacer buena su obligación de la credencial de identidad, en automático se podría ahorrar el 40% del presupuesto del IFE, que es el que se dedica al registro electoral y emisión de credenciales.

En todo caso, pocas reglas sencillas, claras, operables y a las cuales esté atada una sanción creíble son siempre la mejor receta para una reforma exitosa. Derechos y deberes razonables, razonados y exigibles, son un buen camino para aminorar la crisis de representación.

Tuesday, July 05, 2011

La meta literaria



La meta literaria más alta es la felicidad de leer. Es una meta que no requiere escribir, menos publicar, ya no se diga salir en la tv. El verdadero éxito literario está en la felicidad, animación, libertad de estar leyendo, de ser leyendo. Es algo así como ser más sin querer más (que la simple prolongación de esa plenitud). Puede alcanzarse también de otras maneras: escuchando, mirando , caminando, conversando, aunque nadie salga en tv por haber visto una tarde espléndida o haber leído un poema que fue una revelación.


* Ilustración hecha por Sergio Bordón (www.bordonsergio.ultra-book.com)

Sunday, June 26, 2011

Un aldabonazo en la puerta de la desdicha



El argumento de El extranjero de A. Camus, se inicia narrando la cotidianidad mediocre de Mersault, -un ciudadano blanco, oficinista menor de la burocracia estatal. Ese hombre común, de carácter apático pero entusiasta del goce sensual (el sexo, el sol, el mar), es llamado un sábado al asilo de ancianos donde ha fallecido su madre, y después de cumplir sin dolor manifiesto con los ritos comunes de la velada fúnebre, de la ceremonia religiosa y del entierro, reemprende inmediatamente su monótona vida habitual: esa misma tarde sabatina va al cine con su amante a ver una película cómica. Al día siguiente, domingo, va con su amigo Raymond a una playa común aledaña de un barrio árabe. Allí, y en el único momento violento de la novela, los amigos tienen una reyerta con dos árabes que perseguían a Raymond por un lío con una mujer. Apuñalado en un brazo, Raymond trata de disparar un revólver, Mersault se lo arrebata para impedir el asesinato, y, agobiado por el insoportable calor canicular, vaga por la playa, reencuentra por casualidad al árabe heridor de su amigo y desapasionadamente, como cediendo a un abotagamiento bajo la conspiración del sol cegador, el calor, el revólver inconscientemente empuñado y el propio hastío, dispara contra el árabe. “Y el disparo fue como un aldabonazo en la puerta de la desdicha”.

Objeto de la justicia, no asumiéndose como un criminal, se siente extranjero en la realidad común, un hombre desligado de los valores morales que pretenden dar sentido a la vida. Ahora es un (no profesional) pensador del absurdo: indiferente al bien y al mal, para él lo que llamamos vida es sólo existencia pura y simple, el mundo no tiene ni acata una significación, es impasible ante el goce o el dolor de los hombres. En Mersault ha nacido una suerte de conscientemente inútil revuelta interior: la vida es absurda y sólo consentir lúcidamente (¿e irónicamente?) en ello le da un sentido.

Wednesday, June 22, 2011

Aforismos burocráticos



Primera Ley de la Corrupción: desconfíe de todo aquel funcionario que conozca el significado de las letras CVY.

Segunda Ley de la Corrupción: las expresiones oficiales “venga después...”, “a usted le falta...”, “tiene que...”, “aquí no es...” no son señales de indolencia: el cohecho vendrá enseguida.

Paradoja de los Sellos: el número de sellos que requiere un documento es directamente proporcional al nivel en que se encuentra el funcionario que debe firmarlo.

Máxima de la Fotocopiadora: se necesitan tantas copias de un documento cuantas fotocopiadoras existan en cuatro cuadras a la redonda, divididas por la importancia del documento.

Ley de la Prioridad Telefónica: una llamada telefónica a un funcionario público siempre será más importante que el ciudadano que espera en la ventanilla, a no ser que ambos estén de acuerdo en una transgresión.

Leyes de las Colas Oficiales:

-Cuando uno corre hacia una cola corta, ésta se hace larga.

-Si estás en una cola larga, la gente detrás de ti hará una cola nueva, más corta.

-Si te sales un segundo de una cola corta, se hará larga.

-Si estas en una cola corta, la gente de adelante te hará pasar a sus familiares y amigos hasta hacerla larga.

-Una cola corta afuera de un edificio, será larga adentro.

Corolarios de Boren, ex presidente del sindicato de funcionarios públicos de Estados Unidos:

-Los burócratas son la única gente en el mundo que puede decir absolutamente nada y saber lo que ello significa.

-Cuando un funcionario comete un error, y continua haciéndolo, esta conducta comienza a convertirse en una nueva política.

-Los burócratas nunca cambian el curso de un barco: simplemente ajustan la brújula.

Regla de Dean Acheson: un memorando se escribe no para informar al receptor, sino para proteger a quien lo escribe.

Ley de Nies: el esfuerzo gastado por la burocracia en defender un error está en proporción directa al tamaño del error.

Monday, June 20, 2011

Fin de fiesta



A veces me parece que estamos en el centro de la fiesta

sin embargo

en el centro de la fiesta no hay nadie

En el centro de la fiesta está el vacío

Pero en el centro del vacío

hay otra fiesta.

ROBERTO JUARROZ

Thursday, June 16, 2011

Borges, el eterno

Este 14 de junio se cumplieron 25 años de la muerte de Jorge Luis Borges en Ginebra a los 86 años. No fue una casualidad ir a Ginebra para morir, una ciudad con la que tenía lazos de la infancia. Borges no quiso volver a Buenos Aires ante el temor de que su agonía se convirtiera en un espectáculo nacional. La idea le aterró de tal manera que cuando supo que estaba enfermo de cáncer, durante una gira por Italia, le pidió por favor a su mujer, María Kodama, que no dijera nada y que volaran a la ciudad suiza. Ya allí le comunicó su intención de quedarse hasta el final. Sin embargo, su recta final no fue la de hombre resignado. Durante los meses que pasó esperando a la muerte se dedicó a estudiar árabe.




Me gusta el centro de la ciudad, me gusta la ciudad y me gusta la mañana. Me gustan las mañanas, el centro, la esperanza, la ilusión de que cada día puede ser el comienzo de algo, que se desvanece a medida que el día avanza. Me gusta esa ilusión de cada amanecer, y la cultivo. Esto quiere decir que ahora me gustan los amaneceres y las mañanas.

Yo francamente no deseo el Premio Nobel. Los suecos son muy sensibles. Tienen toda la razón. ¿Quién soy yo para compararme con Neruda, con Kipling, con Bernard Shaw, con Bertrand Russell, con André Gide, con William Faulkner? Nadie, evidentemente. Creo que los suecos están en lo correcto. Además, es una especie de ritual bien establecido. He perdido la cuenta de los años: me prometen el premio cada año, se lo dan a otro y ya sé cómo es la cosa. Es un ritual que se repite a sí mismo. Ahora es un hábito del tiempo.


Qué triste pensar que la única fuerza del gobierno, es la silenciosa desesperación de la gente. ¡Es una calamidad! ¡Ineptos! Quizás yo sea el único argentino que, en caso de que me nombraran dictador, estoy seguro que renuncio inmediatamente y vuelvo a mi casa a soñar en voz alta. Pero aquí parece que hemos perdido el sentido de lo ético y lo único que realmente interesa es especular con el dinero. Una vez me invitaron un grupo de libreros de la ciudad de Rosario a dictar una conferencia, entonces fui a dar una larga charla sobre el libro. Después comimos juntos y uno de estos señores me dijo: ¡Qué lástima que eligiera ese tema, Borges!. Pero, cómo, ¿No son libreros ustedes?, pregunté, a lo que respondió: Bueno, sí, somos libreros, pero lo que realmente nos interesa es la venta de cuadernos y lápices. Eso genera desesperanza y frustración en una sociedad.

* * *

…yo creo que lo mejor sería un país que no precisara de un gobierno. Quizás con el tiempo lleguemos a eso, por el momento, no. Por el momento, el gobierno es un mal necesario, pero lamentablemente en todas partes el Estado cada vez se torna más molesto. Cuando fuimos a Europa en el año 1914, viajamos sin pasaporte y uno pasaba de un país a otro como de una estación a otra. Claro, después de la Primera Guerra Mundial comenzó a desconfiarse... ¡Pero, ahora! ¡Usted no puede salir a la calle sin la cédula o el pasaporte porque el Estado se mete en todo y hasta lo lleva detenido! ¡Es una barbaridad!.

Saturday, June 11, 2011

El insaciable

“Un hombre muy pobre se encontró con un viejo amigo que hacía milagros. El primero se quejó amargamente de su pobreza y el otro, para ayudarlo, tocó con su dedo un ladrillo que se convirtió en oro y se lo ofreció. El pobre dijo que eso era muy poco. Luego su amigo tocó una estatua de piedra que también se convirtió en oro y se la dio. El pobre volvió a decir que era muy poco. Entonces su amigo le preguntó: ‘Dime entonces, ¿qué quieres?’ El pobre contestó: ‘Quiero tu dedo’ ”.

Feng Menglong, El insaciable

Thursday, June 09, 2011

Naufragio



─ ¿No se puede hacer nada para aligerar el barco?

─ Bueno ─dijo─ ya no tiene mástiles para cortarlos, ni cargamento para tirar… Sin embargo, podría usted tirar al mar a algunos de los pasajeros más voluminosos, si cree que eso serviría de algo.

Era un pensamiento feliz, una genial intuición. Fui rápidamente a la proa, que por hallarse menos sumergida en el agua estaba atestada de gente, agarré por la nuca a un fornido y viejo caballero, lo llevé hasta el pasamanos y lo arrojé por la borda. No tocó el agua: cayó en el ápice de un cono de tiburones que surgieron del mar a su encuentro. Enseguida arrojé a una mujer y lancé un bebé regordete a los vientos feroces. La primera desapareció entre los tiburones, igual que el viejo, y al segundo se lo dividieron las gaviotas.

Narro estas cosas exactamente como ocurrieron. Sería muy fácil hacer una muy buena historia con todo este material: contar, por ejemplo cómo, mientras yo aligeraba el barco, me sentí conmovido por el ánimo generoso de una bellísima joven quien, para salvar la vida de su novio, empujó a su madre hacia donde yo estaba, implorándome que me hiciera cargo de la vieja dama pero que me compadeciera de su querido Henry. Podría continuar divulgando cómo no sólo no me hice cargo de la vieja dama, según la petición de su hija, sino que de inmediato agarré al querido Henry y lo lancé a sotavento lo más lejos que pude. Podría proceder a declarar que, ya apaciguado, me robé el bote grande y, tomando a la bella doncella, me alejé del barco hacia la iglesia de Santa Masacre, en las islas Fiji, donde nos unió un nudo que luego deshice comiéndomela.

Pero de verdad nada de esto ocurrió, y no puedo darme el lujo de ser el primer escritor en contar una mentira sólo para interesar al lector.

Ambrose Bierce, Una colección de naufragios