Saturday, March 06, 2010

Revelan abuso a menores en coro dirigido por hermano de Benedicto XVI


El portavoz diocesano, Clemens Neck, confirmó este viernes las acusaciones contra dos maestros del coro de los niños cantores de la catedral de Ratisbona, a quienes se le imputarían abusos sexuales contra pequeños en la década de los años 50 y 60 del siglo pasado.

Vie, 05/03/2010 - 17:57

La diócesis alemana de Ratisbona reveló hoy la existencia de denuncias de abuso sexual a menores en el coro del Regensburger Domspatzen, cuerpo musical dirigido durante años por Georg Ratzinger, hermano de Benedicto XVI.

El portavoz diocesano, Clemens Neck, confirmó este viernes las acusaciones contra dos maestros del coro de los niños cantores de la catedral de Ratisbona, a quienes se le imputarían abusos sexuales contra pequeños en la década de los años 50 y 60 del siglo pasado.

Aclaró que ambos religiosos fallecieron en los años 80 y ya habían sido condenados por abusos no relacionados al coro. Uno de los acusados, ex profesor de religión, había sido echado de su trabajo en 1958 mientras el otro fue sentenciado en 1971.

La información sobre los pederastas había sido admitida por el obispo de Ratisbona, Gerhard Ludwig Muller, en una carta dirigida a padres y publicada en el sitio de internet de la diócesis. Los actos habrían sido cometidos entre 1958 y 1973.

En la misiva el obispo aseguró 'haberse enterado de un caso de abusos sexuales (.) en los años 50' y agregó que 'el director del conservatorio de la época, según lo que se sabe, fue condenado. Sucesivamente murió'.

El hermano del Papa Benedicto XVI, Georg Ratzinger (86 años), guió el histórico coro de Ratisbona de 1964 a 1993. Igualmente los abusos referidos se habrían cometido en el entorno de la escuela de los pequeños cantores y no en el ambiente coral.

Por su parte el hermano del pontífice declaró a una radio de Baviera que no tenía conocimiento de las denuncias. Desde hace algunas semanas la Iglesia católica de Alemania se encuentra inmersa en un escándalo público a causa de pederastia sacerdotal.

Apenas la víspera se informó que El Vaticano decidió enviar una visita apostólica a la abadía benedictina de Ettal, donde se han detectado incluso casos recientes, de algunos años atrás.

En tanto el presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, Robert Zollitsch, se reunirá el próximo 12 de marzo con el Papa Benedicto XVI en Roma para discutir las medidas para afrontar la crisis por los abusos a menores.

Tuesday, March 02, 2010

Diferencias

Millor Fernandes, escritor brasileño, desafió a su público con la pregunta del millón: ¿en qué se diferencia un político de un ladrón? La duda rodó por todo el planeta, cosechando miles de respuestas de lo más ingeniosas, pero sólo una, de Fabio Viltrakis, fue reconocida por el escritor como correcta: la diferencia es que a un político lo elijo yo, y el ladrón me elige a mí. En lo demás son exactamente iguales.

Monday, February 22, 2010

Inutilidades

Si se me permite formular una anodina teoría general, en nuestra vida imperfecta las cosas inútiles son, en cierta medida, necesarias. Si de la imperfecta vida humana desaparecieran todas las cosas inútiles, la vida dejaría de ser, incluso, imperfecta.

Saturday, February 20, 2010

Abstinence


via tamburina




Friday, February 19, 2010

Nietzsche, carcajadas


Nietzsche, al final de Más allá del bien y del mal, imaginaba una lista de los grandes filósofos de la humanidad de acuerdo a la sonoridad de sus carcajadas. En los primeros lugares, aquellos que reían a boca suelta. En la cola, los solemnes de labios apretados. Nietzsche aborrecía intensamente a los filósofos que se empeñaban en desprestigiar la risa, quienes no entendían el valor del sarcasmo, el significado de la burla.

Hobbes no cerró los ojos al fenómeno de la risa. Estaba convencido de que la risa era una cuestión profunda, merecedora de un sitio relevante en su teoría geométrica del universo.
Para algunos, esa convulsión involuntaria y gozosa era simplemente el signo exterior de la felicidad. Un estruendo inocente; una expresión burlona que tiende a ridiculizar los defectos de los otros. Nos carcajeamos de lo grotesco, de lo ilógico.
En el derecho a reír está nuestro primer derecho.

Tuesday, February 16, 2010

visita de domingo

Una ciudad es un espacio habitado por individuos que piensan que los demás son tan importantes como ellos. Es esta una definición idealista y jamás podrá ser puesta en marcha pues los hombres viven de robarse y esquilmarse los unos a los otros para obtener beneficios personales. Las empresas pelean entre sí para ver quien puede engañarnos de la manera más eficaz, los bancos regalan unas cuantas casas en vez de ofrecer más intereses a los ahorradores. “¿No se han dado cuenta que los avaros viven muchos años?”, se preguntaba un amargado escritor hace muchos años y él mismo se respondía: “Es como si la muerte se espantara ante ellos”. A los avaros no los quiere ni la muerte.

En octubre pasado dos mujeres tocaron a mi puerta una mañana de domingo. Tuvieron suerte porque hacía muchos años que no me levantaba de tan buen humor. El motivo de su visita era hablarme sobre la palabra de Dios y leerme unos pasajes de la Biblia. “Por supuesto que pueden ustedes leerme lo que deseen", respondí entusiasmado, "sólo que antes permítanme leerles algunos capítulos de Céline, D.H. Lawrence, que en el mundo pagano de donde yo provengo son considerados también pequeños dioses”. Se disculparon porque no tenían tiempo suficiente para una reunión de esa clase. Ellas sólo deseaban ser escuchadas. Y desde mi punto de vista quien desea sólo ser escuchado sin escuchar no tiene un buen papel en la modesta definición de convivencia que me he imaginado.

Thursday, February 11, 2010

la infelicidad perfecta

Todo el mundo descubre, tarde o temprano, que la felicidad perfecta no es posible, pero pocos hay que se detengan en la consideración opuesta de que lo mismo ocurre con la infelicidad perfecta. Los momentos que se oponen a la realización de uno y otro estado limite son de la misma naturaleza: se derivan de nuestra condición humana, que es enemiga de cualquier infinitud.
Se opone a ello nuestro eternamente insuficiente conocimiento del futuro; y ello se llama, en un caso, esperanza y en el otro, incertidumbre del mañana. Se opone a ello la seguridad de la muerte, que pone limite a cualquier gozo, pero también a cualquier dolor. Se oponen a ello las inevitables preocupaciones materiales que, así como emponzoñan cualquier felicidad duradera, de la misma manera apartan nuestra atención continuamente de la desgracia que nos oprime y convierten en fragmentaria, y por lo mismo en soportable, su conciencia.

Tuesday, February 09, 2010

PRISIONERO EN SU PROPIO CUERPO

TONY JUDT EN EL DIARIO ESPAÑOL EL PAIS

Cada vez se descubren más casos de esclerosis lateral amiotrófica. Al prestigioso historiador británico Tony Judt, 61 años, le han diagnosticado esa enfermedad. Está paralizado de cuello para abajo. Le cuesta tragar, hablar, sujetar la mandíbula. Necesita ayuda para todo. Pero sigue lúcido, lo que le permite asistir día a día a su proceso degenerativo. Este brillante profesor de la Universidad de Nueva York, relata su experiencia, que describe como una prisión progresiva sin fianza.


Padezco un trastorno neuromotor, en mi caso una variante de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Los rasgos distintivos son que no hay pérdida de sensación y que no hay dolor. Por consiguiente, al contrario que en casi cualquier otra enfermedad grave o mortal, aquí uno tiene la posibilidad de contemplar a sus anchas y con unas incomodidades mínimas el catastrófico avance de su propio deterioro.

Nadie es capaz de comprender la sensación de aislamiento y encierro que impone esta enfermedad a sus víctimas
Primero, uno pierde el uso de un dedo o dos; luego, de una extremidad; luego, y de forma casi inevitable, de las cuatro. Los músculos del torso se adormecen hasta casi el letargo, un problema práctico desde el punto de vista digestivo, pero que, además, pone en peligro la vida, porque la respiración se vuelve al principio difícil y luego imposible sin la ayuda externa de un aparato con un tubo y una bomba.

De acuerdo con mi fase de deterioro actual, soy un tetrapléjico. Con un esfuerzo extraordinario, puedo mover un poco la mano derecha y cruzar el brazo izquierdo unos 15 centímetros a través del pecho. Mis piernas, aunque se bloquean cuando estoy de pie el tiempo suficiente para que el enfermero me traslade de una silla a otra, no soportan mi peso, y sólo me queda movimiento autónomo en una de ellas. De modo que cuando tengo las piernas y los brazos en una posición concreta, ahí se quedan hasta que alguien me los mueve. Lo mismo me ocurre en el torso, con el resultado de que tengo la molestia constante de un dolor de espalda debido a la inercia y la presión.
Como no puedo usar los brazos, no puedo rascarme, colocarme las gafas, quitarme restos de comida de los dientes ni ninguna de todas esas cosas que hacemos docenas de veces al día. Por decirlo suavemente, dependo por completo de la bondad de los demás.
De día, por lo menos, puedo pedir que me rasquen, me coloquen, me den de beber o simplemente me muevan las extremidades sin razón alguna, porque la quietud forzosa durante horas, no sólo es incómoda desde el punto de vista físico sino prácticamente insoportable desde el punto de vista psicológico. Uno no pierde el deseo de estirarse, agacharse, ponerse de pie, tenderse, correr o incluso hacer ejercicio. Pero, cuando le entran ganas, no puede hacer nada -nada- más que buscar algún mínimo sustitutivo o encontrar una manera de reprimir la idea y el consiguiente recuerdo muscular.

Lo malo es cuando llega la noche. Yo retraso la hora de irme a la cama hasta el último momento compatible con la necesidad de dormir de mi enfermero. Cuando estoy "preparado" para acostarme, me lleva al dormitorio en la misma silla de ruedas en la que he pasado las últimas 18 horas. Con cierta dificultad, me coloca en mi cama. Me sienta en un ángulo de 110º y me sujeta en mi sitio con toallas dobladas y almohadas, con la pierna izquierda vuelta hacia afuera como si hiciera ballet, para compensar su tendencia a hundirse hacia adentro. Este proceso requiere una concentración considerable. Si dejo que se quede un poco descolocada alguna extremidad o no insisto en que me alinee cuidadosamente el estómago con las piernas y la cabeza, luego sufro una agonía infernal durante la noche.
Después me tapa y me coloca las manos por fuera de la manta para darme la ilusión de movilidad, aunque también tapadas, porque tengo una sensación permanente de frío en ellas, como en el resto del cuerpo. Me rasca por última vez en alguno de los varios sitios que me pican de la cabeza a los pies; me ajusta el respirador a la nariz, incómodamente apretado para que no se me caiga por la noche; me quita las gafas... y ahí me quedo: vendado, miope e inmóvil como una momia moderna, solo en mi prisión corporal, acompañado durante el resto de la noche únicamente por mis pensamientos.

Por supuesto, tengo posibilidad de pedir ayuda si la necesito. Como no puedo mover ningún músculo, salvo el cuello y la cabeza, mi forma de hacerlo es a través de un intercomunicador infantil que tengo al lado de la cama, encendido permanentemente para que no tenga más que llamar y vengan a ayudarme. En las primeras fases de mi enfermedad, la tentación de pedir ayuda era casi irresistible: sentía que cada músculo necesitaba moverse, me picaba cada centímetro de piel, mi vejiga encontraba formas misteriosas de volverse a llenar y, por tanto, de tener que vaciarse a mitad de noche y, en general, sentía una necesidad desesperada del consuelo que representaban la luz, la compañía y el simple confort de la relación con otro ser humano. A estas alturas, en cambio, ya he aprendido a privarme de ello la mayoría de las noches, y el consuelo lo busco en mis propios pensamientos.
Pregúntense a sí mismos cuántas veces se mueven por la noche. No me refiero a ir de un sitio a otro (por ejemplo, ir al cuarto de baño, aunque eso también): simplemente, cuántas veces mueven una mano, un pie, con cuánta frecuencia se rascan varias partes del cuerpo antes de caer dormidos, de qué forma tan inconsciente cambian de posición ligeramente hasta encontrar la más cómoda. Imaginen por un instante que se ven obligados a yacer absolutamente inmóviles, boca arriba -que no es la mejor postura para dormir, desde luego, pero es la única que puedo tolerar- durante siete horas ininterrumpidas, y que tienen que discurrir formas de hacer que ese calvario sea tolerable, no sólo una noche, sino el resto de su vida.

Mi solución ha sido repasar mi vida, mis ideas, mis fantasías, mis recuerdos y otras cosas semejantes hasta dar con hechos, personas o historias que puedo utilizar para distraer mi mente del cuerpo en el que está encerrada. Estos ejercicios mentales tienen que ser suficientemente interesantes para retener mi atención y ayudarme a superar un picor insufrible en el oído; pero también tienen que ser suficientemente aburridos para servir de preludio y ayuda al sueño. Me despierto exactamente en la misma postura, el mismo estado de ánimo y la misma desesperación suspendida con los que me acosté, lo cual, dadas las circunstancias, puede considerarse un triunfo importante.
La mañana trae cierto respiro, aunque el hecho de que la perspectiva de cambiarse a una silla de ruedas para pasar el resto del día le eleve a uno el ánimo dice bastante del solitario viaje de la noche. Tener algo que hacer, en mi caso algo puramente cerebral y verbal, es una distracción saludable, aunque sólo sea en el sentido casi literal de que ofrece una oportunidad de comunicarme con el mundo exterior y expresar en palabras, a menudo airadas, las irritaciones y frustraciones acumuladas que me produce la debilidad física.

La mejor forma de sobrevivir a la noche sería tratarla como el día. Si yo pudiera encontrar a alguien que no tuviera nada mejor que hacer que hablar conmigo toda la noche sobre algo lo bastante distraído como para mantenernos despiertos a los dos, lo buscaría. Pero, en esta enfermedad, uno es también consciente, en todo momento, de la necesaria normalidad que tienen las vidas de los demás: su necesidad de ejercicio, entretenimiento y sueño.
Supongo que debería estar al menos un poco satisfecho de haber encontrado dentro de mí mismo un mecanismo de supervivencia de ésos sobre los que la mayoría de la gente normal sólo puede leer en historias sobre catástrofes naturales o celdas de aislamiento. Y es verdad que esta enfermedad tiene una dimensión enriquecedora: gracias a mi imposibilidad de tomar notas o prepararlas, mi memoria -que ya era bastante buena- ha mejorado considerablemente, con la ayuda de técnicas adaptadas del "palacio de la memoria" descrito de forma tan intrigante por Jonathan Spence. Pero es bien sabido que las pequeñas satisfacciones que compensan por algo son pasajeras. No tiene nada de bueno estar encerrado en un traje de hierro, frío e implacable. Los placeres de la agilidad mental están sobrevalorados, como es inevitable -me parece ahora-, por quienes no dependen exclusivamente de ellos. Lo mismo se puede decir, en gran parte, de las palabras de ánimo bienintencionadas que sugieren que encontremos compensaciones no físicas cuando lo físico falla. Es inútil. Una pérdida es una pérdida, y no se gana nada llamándola con un nombre más bonito. Mis noches son interesantes; pero podría vivir muy bien sin ellas.

Friday, February 05, 2010

Box vs. aritmética


- Señor Brul; escuche lo que voy a contestarle. Escúcheme con atención. Sus estudios no son más que una broma. Es lo más fácil del mundo. Desde hace generaciones, se intenta hacer creer a la gente que un ingeniero o un sabio son hombres de élite. Pues bien, yo me río; y nadie se lleva a engaño: es más difícil aprender a boxear que aprender matemáticas. Si no, habría en las escuelas muchas más clases de boxeo que de aritmética. Es más difícil llegar a ser un buen nadador que escribir correctamente. Si no, habría muchos más entrenadores de natación que profesores de gramática. Todo el mundo puede ser bachiller y, en efecto, hay muchos bachilleres, pero ¿cuántos de ellos son capaces de tomar parte en una prueba de decatlón? Señor Brul, odio los estudios porque hay demasiados imbéciles que saben leer: pero ni estos imbéciles se equivocan, porque se pasan el día leyendo periódicos deportivos y glorificando a los héroes del estadio. Y más nos valdría aprender a hacer el amor correctamente que devanarnos los sesos delante de un libro de historia.

Boris Vian, La Hierba Roja, 1950

Thursday, February 04, 2010

Riqueza y economia

no le corresponde al gobierno crear riqueza, solo puede redistribuir la riqueza existente cuando lo que paga un contribuyente para dárselo a otro. Por medio de la inflación, aumentando los salarios, el gobierno puede crear la ilusión de ayudar a la gente, sin embargo, este regalo pronto será pagado con aumento de precios. La intervención estatal puede justificarse por razones morales, en nombre de la justicia social. Pero no puede considerársela fuente de crecimiento. Los gobiernos tienden a ser aun mas impredecibles que los mercados y tampoco son menos proclives a dejarse llevar por las pasiones. La economía se recuperara si se preservan los verdaderos motores del crecimiento futuro: el espíritu emprendedor, la innovación, la solidez de las instituciones publicas, la libre circulación de la información y el libre comercio.