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Wednesday, July 14, 2010

"Alex" bajo la mirada de Diego Huerta

Gracias a Marcela Corral he podido ver el brillante y revelador trabajo del fotografo regiomontano avecindado en EE.UU. Diego Huerta sobre la catástrofe ocasionada por el huracán Alex en Monterrey y la zona metropolitana. Aqui una breve muestra:









Saturday, December 19, 2009

La Jungla

Escribe Upton Sinclair en La Jungla:
“El cerdo tenía cadenas en las piernas. De repente, se abalanzaba sobre él, agarrándole la pierna. La máquina agarraba el cadáver del cerdo del suelo y después lo ponía en el segundo nivel, pasando por una máquina maravillosa con muchos raspadores que se ajustaban al tamaño y a la forma del animal y lo echaba por el otro lado con casi todo su pelo afeitado. Luego, pendiendo de otra máquina, daba un paseo sobre un carro, ahora pasando por dos líneas de hombres, quienes estaban sentados en una plataforma elevada, cada uno haciéndole su trabajo específico al animal muerto cuando pasaba.
Uno rasgaba el exterior de una pierna, el otro el interior de la misma. Con un golpe rápido y preciso le cortaba el cuello; con dos golpes más lo degollaba, cayendo la cabeza al suelo y desapareciendo en un hueco. Aún otro hacía una larga incisión; el segundo abría el cuerpo más anchamente; un tercero, con una sierra, le cortaba el esternón; el cuarto le aflojaba las entrañas; el quinto se las quitaba. Había hombres para rasgar cada lado y otros para rasgar el lomo; había hombres para limpiar adentro, para revolverlo y limpiar todo el cuerpo”.

Tuesday, September 08, 2009

Monclova

Estoy en Monclova atendiendo un par de asuntos de “extrema urgencia”. Llego a la central camionera ubicada en la parte céntrica de la Cd. Es como en muchas otras ciudades donde aun trabajan las llamadas “centrales viejas”. La de aquí está rodeada de hoteles de mala nota, un oxxo, puestos de tacos y varias cantinas. Espero unos minutos afuera para que pasen a recogerme. Unas chicas a un lado conversan sobre sus planes y pasan un par de tipos con mala pinta. Me desespero, reviso la hora en mi celular y aguardo.
Cargo en mi mochila el libro de Sergio Gonzalez Rdz. El Hombre Sin Cabeza, un corto ensayo muy revelador sobre el significado de los decapitados, todo basado principalmente en los usos del narcotráfico pero también en su contexto histórico, cultural, sociológico y literario. Como no llega ni a las 200 páginas mi idea es leerlo completo durante el viaje de ida y regreso y en lo pequeños lapsos de ocio.

En la reunión todos lucen relajados y tranquilos y conozco a un par de buenos nuevos amigos al calor de las canciones y las cervezas que abundan. La ciudad es tranquila. Paso todo el día del sábado en casa de unos abuelos que con muchas atenciones me han abierto amablemente las puertas de su casa. La cama que me han asignado es suave y las sabanas huelen a limpio. Duermo hasta muy tarde, me levanto cercana las 11 de la mañana y el desayuno lo tengo prácticamente servido (pan con mantequilla y mi infaltable café negro). Apenas si se oye el pasar de unos cuantos coches. La mañana es fresca, aquí como en Monterrey ha estado lloviendo toda la semana y este lugar –que en otras épocas del año representa el quinto infierno por su calor sofocante- hoy me ha recibido con un cielo nublado y viento que refresca. Me quedo largo rato en la cocina, pensando sobre un montón de personas y de cosas, los pendientes que he dejado, lo que vendrá en la semana, pienso en una, en dos mujeres, en que estarán haciendo en estos momentos mientras yo estoy en este rincón placido del país bebiendo café y mirando hacia la ventana la quietud de los arboles.
Me doy un baño largo, disfruto el agua caliente y me tomo mi tiempo en la ducha, salgo de la regadera y pacientemente me visto. El baño me sirve y me relaja, me refresca la cabeza, vuelvo a comedor y sorprendido veo que la comida está servida. Me alegra esta cordialidad y todo el simbolismo que representa compartir la comida incluso con un extraño.
Cae la tarde en Monclova y es un buen momento para volver a mi lectura, allí dice Gonzalez Rdz.: “En los últimos año en México, el uso de los cuerpos como mensajes se incremento conforme las actividades de los traficantes de droga se volvieron públicas. Antes su tarea era silenciosa y oscura. El tráfico de drogas hizo que la violencia construyera usos e incluso ritos con la sangre de las víctimas. Mujeres a las que se llegaba a mutilar en vida un pezón a mordidas o se les cortaba un trozo triangular de piel. Cadáveres que eran arrojados a una fosa y rociados con una mezcla de cal y ácidos para que aceleraran su desaparición. Victimas asesinadas con tiro de bala en la frente, en la oreja o en la boca para indicar, en cada caso, una advertencia a traidores, entrometidos y delatores. En fechas recientes, les inscriben a las víctimas en la frente una letra Z como firma de un grupo delincuencial, abren la tráquea para jalarles la lengua por el corte, le llaman corbata colombiana; descuartizan los cuerpos y arrojan los restos en un recipiente en el que ponen petróleo y le prenden fuego hasta que se quema todo, le llaman horno. Otras veces, vierten en una pipa cocaína y cenizas de una víctima. A este rito se le conoce como fumarse al muerto. Dejan cartulinas con mensajes al lado de las cabezas de los decapitados. Asimismo circulan amenazas por internet en las que las bandas de criminales se desafían, mofan o alardean de su virilidad. Actualizan a la usanza de los tiempos los antiguos corridos con canciones noticiosas. O usan la red para difundir grabaciones en video de asesinatos y furor decapitador. El pánico expansivo.”

Es de noche. He pasado la mayor parte del día relajado, conversando y leyendo. Ahora estoy en el estacionamiento del Fiesta Inn. Quiero despavilarme y bajo del coche. Doy unos cuantos pasos en el estacionamiento, toso, estiro los brazos, me acerco a la avenida principal Harold Pape. Volteo y un par de mujeres toscas se toman fotos a la entrada del hotel. Hay sobre la calle cierto movimiento a pesar de que a esa hora está jugando la selección de futbol un partido clasificatorio al mundial. Quiero verlo y le comento a mi amiga que lo mismo da esperar afuera que dentro y nos dirigimos al bar del hotel. Aun están los comerciales del medio tiempo pero para entonces ya me he perdido del primer gol. Así me lo hace ver el único tipo que también está en la zona del bar, un lugar pequeño con apenas seis mesas y una barra sencilla pero bien surtida. Quiero beber y la mesera se me acerca para preguntarme qué se me ofrece, dudo primero porque no tengo ni la menor idea de cuánto vayamos a tardar en la espera así que decido aguantarme y fijar mi atención en los monitores que cuelgan en las paredes.
Lo que sigue es cena en un agradable restaurante, alcoholes varios y ya de madrugada… descansar.
Es el día siguiente y preparo mis cosas. Es momento de regresar a la realidad que me espera. Guardo las pocas pertenencias que me traje y empiezo mi travesía de regreso. Vuelvo al libro de González Rodríguez. A la mitad recuerda un viejo apunte de Boissiere que subrayo completo:
“y sigo fumando opio. Mi basto bienestar no cesa de expandirse; pero he aquí que junto a éste crece y se apodera de mi la indiferencia y el hastió por la acción. Me invade una necesidad de inercia absoluta, de quedarme inmóvil, de permanecer callado, y de dejar que los mundos evolucionen a su antojo, si intervenir en ellos, satisfecho de observarlos y comprenderlos desde las alturas de mi penetrante y lucido anonadamiento. No hay sueño, no hay embriaguez en mi; no pienso, contemplo, percibo mejor que en la vida”.
Vuelvo la vista al camino, el desierto con sus matorrales de espinas, la sierra con sus montañas me siguen. Paso los pueblos polvorientos con su dinámica detenida. Y los pendones y propaganda política con sus promesas y mentiras que se han quedado desde julio pasado.

Monday, January 12, 2009

Confidencias: El despertar ha sido muy duro


‘Acabo de quedar viuda, y con todo este dolor se agrega el hecho de descubrir que él me fue infiel. No lo puedo creer, ya que nuestra relación la consideraba perfecta en todos los aspectos. Toda persona que nos conocía nos elogiaba la buena relación y la confianza plena que existía. Nunca hubo un indicio, una duda que me pusiera en alerta. Me hacia sentir la mujer más querida y deseada por él, ya que siempre estaba atento a consentirme, mimarme. Pasábamos mucho tiempo en pareja, y a pesar de tener nuestros niños, en el plano sexual éramos muy activos, siempre buscando agradar uno al otro. Tanta confianza había que me avisaba que iba a ir a tomarse unas cervezas a algún “table” y yo siempre le decía: “pórtate bien, no defraudes la confianza que te tengo”, y al llegar a casa me platicaba cómo le había ido, y yo de tonta le creía.
Tenía mucha relación de trabajo con una señora que le era leal, que tiene una hija joven. Por mi marido supe que la muchachita había resultado embarazada y que el hombre no se quería hacer responsable. Yo conocía, por mi marido, toda la vida de esa familia que es muy humilde, y sabía que él las ayudaba. No me extrañaba nada de esto, ya que él ayudaba a mucha gente. Ahora descubro que esa joven trabajaba en un “table dance” y que tuvo un hijo de mi marido. Estoy desecha, amargada, pienso que todo lo que viví es una gran mentira, que quiso cubrirme de elogios y cariño para no verse descubierto y más porque siempre le recordaba que no defraudara mi confianza, ya que no iba a haber perdón por más cariño y amor que nos tuviéramos. Mis hijos no lo saben, ya que para ellos sus papis eran la pareja perfecta, siempre demostrándose amor y cariño. Hasta nos decían ridículos porque siempre me tomaba de la mano y me decía que me quería.
El problema aquí es que no entiendo dónde estuvo el problema o en qué fallé. No existe ya para poder aclararlo, y en este momento lo odio por todo el engaño. Pienso que no lo merecía, ya que siempre estaba atenta a él y no quería que nada lo mortificara por su enfermedad. Quisiera conocer a esta joven y al niño. Hablé con su mamá y me dice que mi marido no quería que yo me enterara; que para él su familia era muy importante y que nunca se iba a separar de nosotros. La mamá dice que ellas nunca me iban a decir de esta relación, pero tu sabes que existen personas a las que les agrada hacer daño y me enteré por otras personas, ya que mi marido les había pedido que si algo le pasaba no dejaran que estas señoras me fueran a hacer daño. Estoy devastada. Tantos años que creía ser una mujer afortunada y el despertar a sido muy duro’.

Tuesday, March 11, 2008

‘Don Gil(ipollas)’

Mi cuate Pedro Aguirre es, en cierto modo, un outsider. Le fascinan las biografías de los megalómanos, mamó de la teta partidaria un montón de veces, jura que está escribiendo una novela y es alguien a quien no quisieras de enemigo. De vez en cuando escribe sobre sus andanzas patidistas. Un gran amigo –Juanete-, que hoy pasa por una desgracia que en verdad lamento, sabe perfectamente la admiración que yo tenia por Gilberto Rincón Gallardo, a quien aquí Pedrito desnuda muy a su manera. Disfrútenlo:

“En 1999, cuando Democracia Social (DS) consiguió el registro como partido político nacional, me integré a su comisión ejecutiva como secretario de Relaciones Internacionales. Ya he hablado sobre la experiencia de DS y de cómo surgió, casi de inmediato, una división entre los “güeros”, académicos con educación universitaria y con posgrados en el extranjero que tenían una idea más o menos moderna de lo que debe ser un partido de izquierda; y los “apaches”, con más experiencia como militantes de organizaciones sociales, algunos procedentes del Partido Comunista y de sus distintos avatares, otros ex operadores del Pronasol que, en general, tenían una visión más tradicional de la política, una más orientada al “chambismo” y al agandalle. Ninguna manera quiero decir que fue una guerra entre güeros buenos y apaches malos. Los güeros pecaron de soberbia excesiva desde el primer día, además de asumir la típica actitud “progre” de “espíritu de cruzada” que tanto detesto. No faltaban entre ellos algunos oportunistas y corruptos. Entre los apaches había uno que otro con buenas ideas y con trabajos políticos respetables. Eso sí, tanto tirios y troyanos asumían esa molesta actitud solemne de tomarse demasiado en serio -que tanto afecta a nuestros políticos e intelectuales- y de pretender ser los “padres de la Patria” y los inventores del hilo negro. Pese a contar con una amplia trayectoria como apache, su servidor no pertenecía a ninguno de los dos grupos. De hecho, mi vocación socialdemócrata ya empezaba a menguar. Campeaba en mi ánimo un agudo cinismo. En el mítico Seminario de la Trinidad, celebrado en 1996 en este balneario tlaxcalteca y que, según cuenta la leyenda, dio origen al partido, presenté una ponencia intitulada “¿Vale la pena ser socialdemócratas?” en donde exponía la aguda crisis que ya entonces aquejaba a esta opción política. Poco caso me hicieron. Aún así le entré con mis cuates, pero yo más en el ánimo de vacilar y de pasármela cool. Mi propuesta, ya como militante del partido, era postular a Muñoz Ledo a la presidencia en una estrategia muy pragmática a la que bauticé como “el oso del pandero”. Consistía en utilizar el reconocimiento político que, a la sazón, aún gozaba Porfirio como progenitor de la socialdemocracia mexicana, pasearlo por todo el país tal y como hacen los circos ambulantes con los osos que tocan el pandero para exhibirlo como atracción pública, asegurar el registro y, de ahí, encerrar a Porfirio en un psiquiátrico. Me volvieron a ignorar. Los inocentes güeritos creían que Jesús Silva Herzog iba a ser su candidato. Como se sabe, sólo fueron cruelmente utilizados. Después se les ocurrió tratar de postular a Patricia Mercado, ¡ah! pero no contaban con la perfidia de quien fue el gran lastre del partido: su presidente, Gilberto Rincón Gallardo. En efecto don Gil y su inmensa vanidad plantearon un problema desde el principio y es que DS nació bastardeado por la corruptora ley electoral que impera en México y que obliga a los partidos a celebrar una serie de onerosas asambleas para obtener el registro y, además, le otorga a los partidos que han obtenido el registro recursos económicos excesivos antes de que demuestren en las urnas su presencia (o ausencia) real ante la sociedad. Lo primero orilla a pactos corporativos y de otra índole, con lo que se pierde la sustancia ciudadana que debe tener un partido moderno, y lo segundo provoca que a los partidos se acerquen una caterva de vividores que sólo buscan hacer su modus vivendi a costa de las prerrogativas. ¡Vaya infames!
Ricardo Raphael y ese cuatito violento e intolerante suyo que es Sergio “porro” Ramírez se enojan y me amenazan con abogados y tremendos castigos cada que se los recuerdo, pero ellos saben perfectamente bien que la Secretaría de Gobernación instruía a autoridades locales para que ayudaran a DS en la celebración de las asambleas. Eso me consta y les consta a todos los ex dirigentes del partido. Obviamente, una organización así nace con deudas demasiado tenebrosas que tarde o temprano se deben pagar. A DS le tocó pagar cuando, después de que se desechó la candidatura del oso del pandero y de que Silva Herzog nos tomara el pelo y nos dejará como las novias más pendejas del pueblo, y todo parecía apuntar hacia una candidatura de Patricia Mercado, don Gil salió con que él reclamaba la candidatura para sí, a pesar de que había reiterado que se abstendría de participar en el proceso. Para conseguir su propósito, Gil empezó una vergonzosa campaña de chantajes, dramas, lloriqueos, corrupciones y traiciones indignos del tenaz y estoico luchador social que se supone este señor era y que desembocaron en su imposición como candidato. Don Gil es uno de esos pequeños personajes que abundan en la izquierda mexicana. Dueño de una vanidad desproporcionadamente más grande respecto a sus méritos reales, fatuo y egocéntrico, don Gil utilizó al partido para alcanzar objetivos personales. Todo en él es fama pública. No es ni un intelectual brillante, ni un político destacado, ni un tribuno carismático. Su éxito en el debate presidencial se debió a que, por lo menos, tuvo la lucidez de hacer caso a los güeros, que le plantearon como estrategia usar un discurso novedoso sobre derechos de las minorías, legalización de drogas, derechos de las mujeres y otros temas que habían sido tradicionalmente soslayados del debate público nacional. De hecho, la gran aportación de DS fue esa, e indiscutiblemente fue mérito de Ricardo Raphael, Jorge Javier Romero, Jorge Hernández Tinajero, Hernán Gómez. La novedad de este discurso dirigido a las minorías “modernas” prendió muy a pesar de don Gil, que pretendía utilizar un discursito panfletario de izquierda más tradicional, ya saben “obreros, campesinos, estudiantes, todo el pueblo, al poder”.
Muchos errores se cometieron en la campaña. En lo personal, diré que fue una gran experiencia que me enseñó a desconfiar de la ley electoral, a calcular los limites y alcances del discurso “progre” y a lamentar la excesiva solemnidad de los “intelectuales” de mi generación. Son unos petulantes. Perdimos por un pelo el registro. Lástima. Por mi parte, participé poco en la campaña. Tipos mesiánicos como Rincón me repelen. A regañadientes supo aceptar el discurso que le pospusieron. Tras la elección, no tardó en enseñar el cobre aceptando el primer huesito que le ofreció Fox, a quien había denostado durante su campaña como un “peligroso y autoritario populista de derecha”. ¡Hipócrita! Qué chiquitos son nuestros políticos y a qué personajillos tan mediocres encumbramos ante lo oprobiosos que son los demás. También contribuyó a mi apatía el lamentable desempeño de Ricardo Raphael como secretario general del partido. Fue autoritario, arrogante y personalista. Tuve serias diferencias con él, sobre todo respecto a la dirigencia en el DF, la cual no conseguí debido a que los güeros desconfiaban de mi abierta posición pro Porfirio. ¡Vaya demócratas! Además, Ricardo se rodeó de incondicionales tan prepotentes como aduladores. Francamente se trataba de una tribu deleznable. Se sentían adalides inmortales de la democracia cuando sólo eran una punta de chavitas y chavitos ignorantes y fatuos. Como secretario de Internacionales, y atendiendo la dura tarea de divulgar por el orbe la muy vernácula idea de la socialdemocracia, viajé a Buenos Aires, Bruselas, París, Londres, Washington, Ámsterdam, Rio de Janeiro, etc. Pero hacer mi chamba sólo me granjeó reproches de parte de los grillos del partido. ¿Porque viaja tanto?, preguntaban abierta o soterradamente. ¿Pero que esperaban los imbéciles? ¿Qué el secretario de Relaciones internacionales promoviera al partido en Tlapan y la Colonia del Valle?
Como siempre me pasa, me dio por hacer chistes de la campaña y de su insigne candidato. Estando en Washington don Gil insistió mucho en visitar el Lincoln Memorial. Fuimos a que el candidato depositara un ramo de flores. Cuando salíamos del acto, los periodistas me preguntaron por qué había ido justo ahí. “Muy fácil, no ven que es el Lincoln…pleto?' En otra ocasión asaltaron a nuestro candidato a mano armada a las afueras de su domicilio. Se llevaron su camioneta y dejaron tirado a Rincón en el suelo quien, furioso e impotente, gritaba a sus atracadores mientras estos se alejaban a toda prisa, “Ya verán, sinvergüenzas, ya los alcanzará el largo brazo de la justicia”. En su visita a la UNAM, de donde fue expulsado de forma violenta, varios porros del CGH empezaron a arrojar botellas hacia donde estaba el candidato. 'Cuidado Gil, no vaya a ser que una botella te pegue y te desfigure el rostro', advertí con tono inocente. Por este estilo y aún más sangrones todavía eran mis chistes. Un humor negro que mucho molestaba a mis ñoñazos correligionarios. DS cayó víctima de una ley corruptora, de la vanidad de Alcocer y Gil, del oportunismo de los apaches y de la soberbia de los güeros. Es cierto que, en alguna medida, gracias a estos últimos brotaron a la palestra pública temas nuevos, pero también es verdad que estos muchachitos cayeron en la autocomplacencia, se enamoraron de sus temas y convirtieron en monotemáticos los esfuerzos posteriores que han emprendido para construir un partido pretendidamente socialdemócrata (México Posible, Alternativa facción anti Begne). Por mi parte, es cierto que aporté poco a DS, pero es que es muy escaso lo que se puede colaborar siendo secretario de relaciones internacionales de un partido en gestación. Lo único que se puede hacer es viajar mucho, y yo viaje mucho. Cumplí con mi sagrada obligación. Hice lo que me correspondía ¿O no?”.