Wednesday, September 30, 2009

omisión del proceso intuitivo

Mi función es supervisar la correlación entre mundos distintos. Vigilar que las cosas estén ordenadas a la perfección. Que la causa preceda a la consecuencia. Que no se confundan los significados. Que el pasado preceda al presente. Aunque las cosas no estén ajustadas al milímetro, no importa. En este mundo no existe la perfección. Con que las cuentas salgan yo me doy por satisfecho. Aquí donde me ves, yo, a veces, también hago las cosas a ojo de buen cubero. En términos técnicos, eso vendría a ser «omisión del proceso intuitivo de información continua», pero si empiezo a darte pormenores sobre esto, la cosa se alargará mucho. Así que abreviemos. Lo que quiero decirte es que yo no le voy buscando el pelo a un huevo. Pero, eso sí, el balance ha de cuadrar. Porque ésa es mi responsabilidad.

Monday, September 28, 2009

De Miller

Miro las calles congestionadas por masas que parecen hormigas.
Miro los vagones correr sobre sus rieles.
Miro la gente fluir saliendo de los teatros.
Levemente recuerdo que no sé cómo está mi mujer.

HENRY MILLER, Trópico de Cáncer

Friday, September 25, 2009

Sobre como poner el cuerno

No te acuestes nunca con mujeres estúpidas. Si lo haces, acabarás volviéndote estúpido tú también. Quien va con tontas, termina tonto. Pero tampoco vayas con mujeres que valgan demasiado la pena. Si te juntas con mujeres demasiado buenas, ya no podrás volver atrás. Y no poder volver atrás significa perderse.

Jamás debes ponerle un piso a una mujer. Eso es fatal. Además, y pase lo que pase, regresa siempre a casa antes de las dos de la madrugada. Es la hora límite. Y una cosa más. Nunca utilices a los amigos como pretexto para ocultar una infidelidad. Puede descubrirse todo. Si eso sucede, ¡mala suerte! Pero no tienes por qué perder además a un amigo.

Tuesday, September 22, 2009

La valentia

¡La valentía! ¿Hay cosa tan digna de burla? Pues no habiendo ninguna en el mundo sino la caridad con que se vence la fiereza de otros y la de sí mismo, y la de los mártires, todo el mundo es de valientes; siendo verdad que todo cuanto hacen los hombres, cuanto han hecho tantos capitanes valerosos como ha habido en la guerra, no lo han hecho de valentía, sino de miedo. Pues el que pelea en la tierra por defenderla, pelea de miedo de mayor mal, que es ser cautivo y verse muerto, y el que sale a conquistar los que están en sus casas, a veces lo hace de miedo de que el otro no le acometa, y los que no llevan este invento, van vencidos de la codicia.
¡A robar oro y a inquietar los pueblos apartados, a quien Dios puso como defensa a nuestra ambición mares en medio y montañas ásperas! Mata uno a otro, primero vencido de la ira, pasión ciega, y otras veces de miedo que le mate a él.

- Quevedo

Sunday, September 20, 2009

magnetismo

En el curso de toda mi vida, son contadas las ocasiones en que me he sentido atraído por mujeres bellas en el sentido general del término. A veces he ido andando por la calle con un amigo que de improviso comentaba: «¿Has visto? ¿Te has fijado en lo guapa que era esa chica?», pero yo, cosa extraña, no lograba recordar el rostro de esa «hermosa» mujer.
Tampoco me han fascinado jamás las modelos. No sé por qué pero es así. Ni siquiera en la adolescencia, cuando la frontera entre el mundo real y el de los sueños es tan imprecisa y los anhelos exhiben su fuerza de una manera casi prodigiosa, jamás me gustaron las chicas guapas sólo por el hecho de serlo.
Lo que me atraía no era la belleza externa cuantificable e impersonal, sino algo más absoluto que se hallaba en el interior. De la misma manera que hay quien ama secretamente los diluvios y los apagones, yo prefería ese algo recóndito que alguien del sexo opuesto emitía hacia mí.
A ese algo voy a llamarlo «magnetismo». Una fuerza que te atrae y te absorbe, te guste o no te guste, quieras o no. Quizá pueda compararse al aroma de un perfume.

iluminada

"En realidad, en ese encierro inexplicable me iluminé. El paraíso es así, eres libre y sin preocupaciones. No hay hombres que se fijen en tu ropa o en tu peinado, ni nadie que critique el tamaño de tus pechos ni el tipo de mirada que tienes. No hay reuniones sociales a las que hay que correr, ni policías que te refrenen las locuras, ni jefes que supervisen tus adelantos en el trabajo, ni una distinción clara entre la oscuridad de la noche y lo brillante del día, y tampoco hay nadie que venga a aprovecharse de tus sentimientos".

Thursday, September 17, 2009

Desayuno en Prevert

"Ha echado el café
En la taza
Ha echado la leche
En la taza de café
Ha echado el azúcar
En el café con leche
Lo ha revuelto
Con la cucharilla
Ha bebido el café con leche
Y ha dejado la taza
En el plato
Sin hablarme
Ha encendido
Un cigarrillo
Ha hecho anillos
Con el humo
Ha dejado las cenizas
En el cenicero
Sin hablarme
Sin mirarme
Se ha levantado
Se ha puesto
Su impermeable
Porque llovía
Se ha marchado
Bajo la lluvia
Sin una palabra
Y yo he escondido
La cabeza entre mis manos
Y me he echado a llorar”

Friday, September 11, 2009

De caracoles

Contra la uniformidad, la diversidad.
Contra las restricciones, el fanatismo por la ausencia de límites.
Contra el igualitarismo, la jerarquía.
Contra las espinacas, los caracoles.
SALVADOR DALÍ

Tuesday, September 08, 2009

Monclova

Estoy en Monclova atendiendo un par de asuntos de “extrema urgencia”. Llego a la central camionera ubicada en la parte céntrica de la Cd. Es como en muchas otras ciudades donde aun trabajan las llamadas “centrales viejas”. La de aquí está rodeada de hoteles de mala nota, un oxxo, puestos de tacos y varias cantinas. Espero unos minutos afuera para que pasen a recogerme. Unas chicas a un lado conversan sobre sus planes y pasan un par de tipos con mala pinta. Me desespero, reviso la hora en mi celular y aguardo.
Cargo en mi mochila el libro de Sergio Gonzalez Rdz. El Hombre Sin Cabeza, un corto ensayo muy revelador sobre el significado de los decapitados, todo basado principalmente en los usos del narcotráfico pero también en su contexto histórico, cultural, sociológico y literario. Como no llega ni a las 200 páginas mi idea es leerlo completo durante el viaje de ida y regreso y en lo pequeños lapsos de ocio.

En la reunión todos lucen relajados y tranquilos y conozco a un par de buenos nuevos amigos al calor de las canciones y las cervezas que abundan. La ciudad es tranquila. Paso todo el día del sábado en casa de unos abuelos que con muchas atenciones me han abierto amablemente las puertas de su casa. La cama que me han asignado es suave y las sabanas huelen a limpio. Duermo hasta muy tarde, me levanto cercana las 11 de la mañana y el desayuno lo tengo prácticamente servido (pan con mantequilla y mi infaltable café negro). Apenas si se oye el pasar de unos cuantos coches. La mañana es fresca, aquí como en Monterrey ha estado lloviendo toda la semana y este lugar –que en otras épocas del año representa el quinto infierno por su calor sofocante- hoy me ha recibido con un cielo nublado y viento que refresca. Me quedo largo rato en la cocina, pensando sobre un montón de personas y de cosas, los pendientes que he dejado, lo que vendrá en la semana, pienso en una, en dos mujeres, en que estarán haciendo en estos momentos mientras yo estoy en este rincón placido del país bebiendo café y mirando hacia la ventana la quietud de los arboles.
Me doy un baño largo, disfruto el agua caliente y me tomo mi tiempo en la ducha, salgo de la regadera y pacientemente me visto. El baño me sirve y me relaja, me refresca la cabeza, vuelvo a comedor y sorprendido veo que la comida está servida. Me alegra esta cordialidad y todo el simbolismo que representa compartir la comida incluso con un extraño.
Cae la tarde en Monclova y es un buen momento para volver a mi lectura, allí dice Gonzalez Rdz.: “En los últimos año en México, el uso de los cuerpos como mensajes se incremento conforme las actividades de los traficantes de droga se volvieron públicas. Antes su tarea era silenciosa y oscura. El tráfico de drogas hizo que la violencia construyera usos e incluso ritos con la sangre de las víctimas. Mujeres a las que se llegaba a mutilar en vida un pezón a mordidas o se les cortaba un trozo triangular de piel. Cadáveres que eran arrojados a una fosa y rociados con una mezcla de cal y ácidos para que aceleraran su desaparición. Victimas asesinadas con tiro de bala en la frente, en la oreja o en la boca para indicar, en cada caso, una advertencia a traidores, entrometidos y delatores. En fechas recientes, les inscriben a las víctimas en la frente una letra Z como firma de un grupo delincuencial, abren la tráquea para jalarles la lengua por el corte, le llaman corbata colombiana; descuartizan los cuerpos y arrojan los restos en un recipiente en el que ponen petróleo y le prenden fuego hasta que se quema todo, le llaman horno. Otras veces, vierten en una pipa cocaína y cenizas de una víctima. A este rito se le conoce como fumarse al muerto. Dejan cartulinas con mensajes al lado de las cabezas de los decapitados. Asimismo circulan amenazas por internet en las que las bandas de criminales se desafían, mofan o alardean de su virilidad. Actualizan a la usanza de los tiempos los antiguos corridos con canciones noticiosas. O usan la red para difundir grabaciones en video de asesinatos y furor decapitador. El pánico expansivo.”

Es de noche. He pasado la mayor parte del día relajado, conversando y leyendo. Ahora estoy en el estacionamiento del Fiesta Inn. Quiero despavilarme y bajo del coche. Doy unos cuantos pasos en el estacionamiento, toso, estiro los brazos, me acerco a la avenida principal Harold Pape. Volteo y un par de mujeres toscas se toman fotos a la entrada del hotel. Hay sobre la calle cierto movimiento a pesar de que a esa hora está jugando la selección de futbol un partido clasificatorio al mundial. Quiero verlo y le comento a mi amiga que lo mismo da esperar afuera que dentro y nos dirigimos al bar del hotel. Aun están los comerciales del medio tiempo pero para entonces ya me he perdido del primer gol. Así me lo hace ver el único tipo que también está en la zona del bar, un lugar pequeño con apenas seis mesas y una barra sencilla pero bien surtida. Quiero beber y la mesera se me acerca para preguntarme qué se me ofrece, dudo primero porque no tengo ni la menor idea de cuánto vayamos a tardar en la espera así que decido aguantarme y fijar mi atención en los monitores que cuelgan en las paredes.
Lo que sigue es cena en un agradable restaurante, alcoholes varios y ya de madrugada… descansar.
Es el día siguiente y preparo mis cosas. Es momento de regresar a la realidad que me espera. Guardo las pocas pertenencias que me traje y empiezo mi travesía de regreso. Vuelvo al libro de González Rodríguez. A la mitad recuerda un viejo apunte de Boissiere que subrayo completo:
“y sigo fumando opio. Mi basto bienestar no cesa de expandirse; pero he aquí que junto a éste crece y se apodera de mi la indiferencia y el hastió por la acción. Me invade una necesidad de inercia absoluta, de quedarme inmóvil, de permanecer callado, y de dejar que los mundos evolucionen a su antojo, si intervenir en ellos, satisfecho de observarlos y comprenderlos desde las alturas de mi penetrante y lucido anonadamiento. No hay sueño, no hay embriaguez en mi; no pienso, contemplo, percibo mejor que en la vida”.
Vuelvo la vista al camino, el desierto con sus matorrales de espinas, la sierra con sus montañas me siguen. Paso los pueblos polvorientos con su dinámica detenida. Y los pendones y propaganda política con sus promesas y mentiras que se han quedado desde julio pasado.

Monday, September 07, 2009

El hubiera en Murakami

“A ella la conocí en un viaje que hice en solitario durante unas vacaciones de verano. Era cinco años menor que yo. Había salido a pasear por el campo cuando empezó a llover a cántaros y, casualmente, en el lugar donde corrí a refugiarme se encontraba mi futura esposa, acompañada de una amiga. Los tres estábamos empapados de los pies a la cabeza y eso sirvió para romper el hielo. Nos hicimos amigos charlando mientras esperábamos a que escampara la lluvia. Si aquel día no hubiese llovido o si yo hubiera llevado paraguas (algo muy posible, porque al salir del hotel dudé y estuve a punto de cogerlo), no nos habríamos conocido. Y si no la hubiera conocido, todavía estaría trabajando en la editorial de libros de texto y, por las noches, bebiendo y hablando solo recostado en las paredes de mi apartamento. Cuando lo pienso, me doy cuenta de que nos movemos dentro de unas posibilidades muy limitadas.”