Monday, December 01, 2008

Federalismo II

El problema es que la realidad política del país ha cambiado, pero las reglas del pacto federal siguen siendo las mismas, de allí las exigencias legitimas para su reformulacion. Pero habría que reinventar el federalismo con cautela, principalmente por la desigualdad democrática. La democratización no ha sido uniforme al mismo ritmo de gobierno municipal a gobierno municipal y de estatal a estatal. En algunos prevalece el estado de derecho y en otros es inexistente, en algunos gobierna quien fue elegido en las urnas y en otros quien se impuso. A lo largo de México persisten estructuras de poder tradicionales manipuladas por políticos ancestrales. En esos archipiélagos autoritarios persisten el clientelismo, la coerción y el uso de la fuerza en vez del poder de la persuasión. Donde las elites de antaño son fuertes, la consolidación democrática es débil. El federalismo disfuncional debilita a las democracias en vez de fortalecerlas. Liderado por elites que dependen del patronazgo para mantener su poder, el federalismo fantoche impulsa la inflación, politiza la política social, inhibe el buen funcionamiento de la política publica y pone en jaque el balance presupuestal; impulsado por caciques disfrazados de gobernadores, el federalismo farsante bloquea, diluye, obstaculiza. El verdadero federalismo buscaría como resolver problemas de fondo mediante la negociación, en vez de crearlas a través de la confrontación; intentaría fortalecer las haciendas estatales y responsabilizar a los gobiernos locales, transparentas las transferencias y asegurar su buen uso.

Tuesday, November 25, 2008

erudito ante el agravio


(De Juan Villoro)

El mexicano derrocha afecto, pero tiene un sexto sentido para detectar el desdén. Si otros pueblos necesitan traiciones para ofenderse, a nosotros nos basta un ojo desviado. Ciertos momentos de inmensa tensión social derivan de dos frases que nunca pronunciamos en voz alta. La primera es: "ya me vio"; la segunda, "que él me salude primero". Un atávico sentido del honor nos hace disfrutar que sea la otra persona quien se aproxime a darnos la mano. Esto lleva a una de las quejas más extravagantes de la etiqueta social: "el otro día no me saludaste". Aunque el agraviado tampoco haya saludado, se siente en posición de criticar el ninguneo. Responder "no te vi" sólo agrava las cosas, pues indica que te crees lo máximo y no adviertes a un conocido que ha engordado sin que tu mirada lo abarque. ¿Cómo reparar los daños en un país olvidadizo ante la responsabilidad y erudito ante el agravio?

Federalismo I

Federalismo es una palabra políticamente correcta. Se asocia con la descentralización y la dispersión democrática del poder. Se ve como una vacuna contra el presidencialismo intervencionista y el centralismo asfixiante. El federalismo es una realidad en transición, es a nivel estatal y municipal donde han surgido las demandas de mejor gobierno, es en la periferia donde la practica de alternar a conducido a mejores maneras de administrar. En los estados han surgido las mejores variantes de la democracia y han prevalecido as peores practicas del autoritarismo. Hay proceso de cambio acelerado que coexisten con las típicas inercias del pasado. Hay porciones del país en las cuales el federalismo es un hecho, pero las practicas políticas y las instituciones gubernamentales y los regímenes fiscales todavía no lo reflejan. De facto, México es cada vez más un país descentralizado; de jure dista de serlo. Es el esquema actual, el gobierno central manda recursos y los estados se dedican a gastarlos. Y esa transferencia conlleva un enorme grado de dependencia. En un contexto de descentralización democrática persiste la centralización presupuestal, legado de un sistema que exigía disciplina y la recompensaba. Los estados pueden gastar, pero no pueden recolectar. Hay un desface entre lo que hace el gobierno federal y lo que podrían hacer las gubernaturas estatales.

Wednesday, November 19, 2008

ejemplo bíblico


Hay un ejemplo bíblico de buena administración. El faraón de Egipto tuvo un sueño perturbador: siete vacas gordas devoradas por siete vacas flacas (Génesis 41). José lo interpretó como premonición: venían siete años de grandes cosechas y siete de hambre. Recomendó que en los años de abundancia se acumularan reservas de trigo con la quinta parte de las cosechas, y así evitó la hambruna siete años después.

José pudo haberse limitado a compartir la angustia del faraón, sin entender lo que estaba pasando. O pudo comprender y aceptar la tragedia resignadamente, como si fuera la voluntad de Dios. O pudo proponer una tontería.

A lo que voy es que todo problema puede ser claro, confuso o invisible, prestarse a definiciones diferentes (y aun opuestas) y llevar a distintas soluciones, o a ninguna, o a remedios peores que el problema. Las mejores soluciones parten de un buen diagnóstico, de los recursos disponibles y de una actitud pronta.

La crisis en los diarios de Salvador Elizondo

La crisis en los diarios de Salvador Elizondo

Todos dicen que vamos saliendo de la “crisis”. Yo no lo creo. Se agrava el descontento de los plebeyos y la decadencia de los patricios.

Nos comienza a afectar la crisis y andamos mal de dinero. Hay que suprimir muchos gastos e ir pensando en hacer negocios o cerrar negocios o suprimir negocios o retirarse de los negocios.

Cada día que pasa es más evidente que el país está en descomposición por culpa de los estúpidos políticos.

Sistemas y leyes


Dicen los especialistas que la diferencia entre los sistemas que funcionan y los que no es que los primeros tienen leyes laxas que se aplican en forma estricta. Los segundos suelen tener leyes estrictas que se aplican de forma laxa.

Thursday, November 13, 2008

Anécdota: Ser espectador de los espectadores

Voy al cine. Una pareja se sienta en las butacas contiguas. Él le demuestra a su novia, y a todos en la sala, que sabe reconocer en voz alta a todos los actores. Con audacia y sin rubores, enlista las películas en que han aparecido aquéllos detrás del estelar. Dado que se muestra diestro en el terreno, ella pregunta cosas que sin duda él, antes que la película, puede responder: “¿Lo van a matar?, ¿Por qué se pone borracho?, ¿Se va a suicidar?” Ríen de las groserías en la pantalla y no de las que yo les dirijo por telepatía. Se me ocurre algo genial: me cambio de asiento, de fila, alejándome del guía de la película y acercándome a la ilusión del respeto. Desear silencio en una sala de cine es igual que pedirlo en un salón de clases de secundaria. No hay esquina en el cine inmune a estas frases, que nadie se atrevería a decir en su casa, en pantuflas, sin contener el borbotón de carcajadas. Me paro del asiento. Cada uno de nosotros, al asistir en compañía al cine, deja tras de sí una estela de oraciones que pueden parecernos naturales, pero, como sucede con un olor escandaloso, habrá quien las olfatee dos veces y quizá concluya estornudando. Lo mejor en estos casos es callar de buen grado y, en todo caso, opinar a distancia.

la esencia de la inversión


"Mi querido, mi buen amigo, los lobos siempre se han comido a los corderos; esta vez, ¿se comerán los corderos a los lobos?" Esta frase se encuentra en una carta que Madame Jullien escribió a su hijo durante la revolución francesa. Contiene, reducida a una concisa fórmula, la esencia de la inversión. Hasta ahora unos pocos lobos han subyugado a muchos corderos. Ya ha llegado el momento en que los muchos corderos se vuelvan contra los pocos lobos. Se sabe que los corderos no son carnívoros. Pero es que lo notable de la frase reside precisamente en su aparente falta de sentido. Las revoluciones son los tiempos típicos de la inversión. Los que tanto tiempo estuvieron indefensos, de pronto enseñan los dientes. Su número debe compensar lo que les falta en experiencia de maldad.


Elias Canetti sobre la "masa de inversión" en Masa y poder.

Lo que la revolución nos dejó


Lo que la revolución nos dejó
En 1960, López Mateos celebró los resultados de 50 años de revolución. En 1985 Miguel de la Madrid recordó los 75 años de revolución discretamente y con razón: ya para entonces la Revolución Mexicana apestaba. A diferencia de López Mateos, que dejó un buen recuerdo en la memoria popular, los presidentes sucesivos –otro que más o menos podría salvarse sería Zedillo- terminaron mal: despreciados o aborrecidos, en mayor o menor grado.
Las cuentas de largo plazo son demoledoras. Todos los mexicanos que vivieron en la miseria bajo la dictadura de Porfirio Díaz ya murieron. Los 15 o 20 millones de mexicanos que viven hoy en la miseria nacieron ya en los buenos tiempos. Son el resultado final de casi cien años de revolución, los “hijos predilectos” del régimen que iba a acabar con la miseria y no lo hizo porque siempre tuvo cosas más importantes que hacer: grandes, medianas y pequeñas fortunas para los dueños del poder. Lo más notable de todo es que nunca había habido tal cantidad de gente preparada y decente en el Estado mexicano, ya no se diga en el país. Lo que no funciona es el poder: la forma en que se relacionan políticamente unos mexicanos con otros. El origen de todos los desastres está en el régimen de la hermandad mafiosa que se apoderó del Estado y, créanlo o no, se resiste a soltarlo.


El fracaso de las grandes revoluciones del siglo XX fue que sus objetivos de libertad, democracia e igualdad tuvieron altísimos costos en términos de vidas humanas y finalmente no consiguieron establecerse como alternativas políticas sustancialmente superiores a los regímenes que combatieron. Las revoluciones mexicana y cubana tienen entre sí un denominador común: la destrucción total y absoluta de las clases políticas a las que combatieron y su sustitución por nuevas formas de dominación tan autoritarias como aquellas a las que derrotaron. El régimen corporativo del pri fue mucho más eficaz que el gobierno de Porfirio Díaz en el control de la sociedad y la represión de la disidencia. Sus logros en términos de democracia y libertades individuales fueron enormemente limitados y sus resultados en política social dejan un país con casi la mitad de su población en estado de pobreza. La Cuba de Castro reprodujo el mismo trauma del resto de las revoluciones. La dictadura de Batista fue eliminada y el régimen de Castro, inmerso en la guerra fría y el bloqueo impuesto por E.U.A., se constituyo en otra dictadura que consiguió institucionalizar el apoyo popular, gracias a políticas de bienestar social combinadas con un férreo aparato represor que suprimió cualquier otro tipo de critica o cuestionamiento al mismo estilo de los regímenes del stalinismo. La salida de mas de un millón de cubanos al exilio ha conseguido reducir la presión interna al gobierno de castro a lo largo de sus mas de 40 años de gestión. Con la desaparición de la URSS, cuba siguió manteniendo el modelo socialista aunque cada vez mas con características de economía de mercado.

Tuesday, October 28, 2008

Arreola y la palabra

“Lo bueno de tener voz no es hablar sino callar”. Garibaldi

En teoría todos los humanos tenemos derecho al uso de la palabra; en la práctica no todos pueden hablar y muchos de los que hablan quedan por debajo de la dignidad de la palabra. En 1967 Juan José Arreola enseñaba que el hombre había creado la palabra para nombrar al mundo y mostrar su rostro, pero que en México empleábamos la palabra para escondernos, porque en nuestra cultura mostrarse era perderse

La palabra es un instrumento de la política. Hay que saber utilizarla con destreza, con sentido de la oportunidad, con mesura. Esas cualidades están ausentes en la presencia verbal de nuestros gobernantes. Porfirio Muñoz Ledo ejerce el don de la palabra con donaire pero solía hacerlo con exceso. Tanto que se le hizo protagonista de un chiste según el cuál, cada vez que aterrizaba en un aeropuerto y veía en la aduana el letrero donde se indica que se presenten quienes tienen algo que declarar, acudía presuroso a decir: “sí, cómo no, ¿sobre qué tema?”.
No es preciso hablar siempre. A menudo vale más el silencio que la opinión. La música sería una enojosa sucesión de ruidos si las notas no estuvieran entreveradas con la dosis adecuada de pausas, de espacio carentes de sonoridad. Por contraste, crece el valor de lo que se escucha. No hay que dejar de hablar, el autoritarismo no necesitaba dar explicaciones a nadie y podía darse el lujo del silencio desdeñoso. La democracia tiene que privilegiar el uso de la palabra sin abusar de ella ni banalizar las expresiones.